Modigliani, pintor y escultor italiano (1884 - 1920)

Esta mujer de Modigliani se nos presenta complacida en y con su cuerpo, plena y relajada no extraña ropaje alguno ni teme ni desea, no entrega ni se niega a recibir. Sin una intencionalidad erótica prediseñada o inducida, propietaria de la sensualidad inherente de sus formas, dueña absoluta de ese espacio pictórico, cruzada en él, en diagonal y en escorzo, vista desde arriba, desde otro que la observa, cercano y seguramente deslumbrado en la paz palpitante que ella ofrece.
La economía de medios, conseguir el máximo con el mínimo, dicho de otro modo: la ausencia de proliferación y ostentación en el uso de recursos y materiales es una enseñanza de culturas muy antiguas y no occidentales, como la japonesa, la africana y la oceánica, que en los albores de la plástica contemporánea se transforma en un rasgo distintivo de muchos de sus exponentes. Junto con ello, la senda que inexorablemente comienza a abrirse hacia la abstracción, conduce a la pintura figurativa (representativa en mayor o menor grado de la realidad visible) a espacios que van sintetizando, depurando, vaciando, estilizando, esquematizando… en pro de lo esencial por sobre los atributos que, en sí, son desechables, transitorios y caducos.
Esto puede apreciarse muy bien en la obra de Modigliani. Pintura gráfica, en ella están contenidos los caracteres del afiche y del cartel, antesala del comics podríamos decir; su rostro se construye con la precisión milenaria de una máscara (oculta y revela, calla y pronuncia) y del dibujo que se posiciona como bella arte; una pintura que se arma a partir de un trazado sin recovecos, limpio y decidido, figura que se cierra creando el amplio cosmos del desnudo femenino recibiendo la luz, el color y sus contrastes. La tonalidad que el pintor consigue es original: el toque de blanco en agudo choque con el fondo oscuro, el rojo y el azul , soportes composicionales y visuales de la retratada, colores primarios que ejecutan una tajante oposición, discordantes en una justa medida y que, a su vez, aparecen tamizados por cierta opacidad que elimina la brillantez resaltando la presencia de la piel, del diminuto gesto de rubor en la mejilla y del énfasis de la luz, por cierto, no casual, en su vientre.
La desnudez de la mujer, evidentemente, es un motivo atávico en la historia del arte tal y como lo hemos visto en la Venus de Willendorf y otras obras ya comentadas (en
www.lacalarealidadyficcion.blogspot.com y y también archivadas en
www.artecala.blogspot.com). Salvo el arte paleocristiano y el arte medioeval en sus fases más extremas, no existe época histórica que no haya tenido en el cuerpo femenino desnudo un referente estético, simbólico y cultural.
¡Necesitas ser un miembro de COMUNIQUEMONOS para añadir comentarios!
Participa en esta red social