La iniciación
-Nunca nadie me había tratado con tanta dulzura , -me dijo- cuando todo había terminado.
Por aquel entonces ya había iniciado mi tesis “Cómo sobrevivir a la represiva formación familiar y a las falacias religioso-educativas”. No obstante, 12 años de colegio religioso conformaban un bastión casi inexpugnable para mi fervoroso batallón de deseos sexuales.
Años después –no muchos- me bajaría definitivamente del tren de la religión para no subir nunca más. De todos modos, ese sábado de otoño me permití la licencia de subir sin boleto...
-Chango! alcanzame el balde con la mezcla –me gritó Don Luis encaramado en el andamio. Trabajaba con el padre de Jorge en la refacción de una casa , en la calle Mitre. El sueldo de peón era una fortuna para mi anémico bolsillo juvenil. Recuerdo a Don Luis con oculta admiración, las manos nervudas, flaco, muy flaco pero fibroso, fuerte, frecuemente con un “Imparcial” en el ángulo de la boca. Trabajador... como ninguno. Honesto... hasta la exasperancia. La frente despejada surcada de arrugas, los ojos celestes, transparentes, color cielo, permitían ver el alma misma...impecablemente blanca.
Era sábado, así que trabajamos hasta el mediodía. Luego al club, a jugar al básquet. Seguía en buena forma. La milicia había transformado mi cuerpo de gordito manyapane en Homo apetecible por las féminas –al menos eso creía-.
Themplo’s a las 12, ése era el lugar de reunión. Luz más bien modesta, música a todo vapor, niebla de tabaco. Me acerqué a la barra y pedí un “destornillador de durazno” , aunque también podría haber sido un 7mo. regimiento. El alcohol fuerte enmascardo en el jugo calmó mi ansiedad aunque encendió mi espíritu. El baile no era (ni es) mi fuerte, aunque me animo con los lentos. Me veo ahora con ella en la pista, no recuerdo su nombre, tampoco su rostro. Tendría unos 6 o 7 años más que yo, en aquella época me gustaban mayores...hoy... por pura alquimia evolutiva, me gustan iguales o menores, aunque puedo hacer alguna excepción. Mi currículum estaba lleno de libros leídos, aquilatando poca experiencia en el ámbito amoroso ( alguna que otra apretada en el boliche, algún amor semi-platónico en unas vacaciones en Villa General Belgrano( Córdoba) con Elisa Graciela L..., en realidad más platónico que semi. De sexo... ni hablar. Nos deslizábamos en la pista de baile, mi brazo contorneando su cintura, el suyo primero apoyado en mi pecho, luego rodeando mi cuello... No hablábamos mucho, supongo. Me aferraba a aquel cuerpo de mujer tantas veces soñado, como si en ello me fuera la vida. Atraía su pubis contra mi muslo, encendido por el alcohol y la música ... Trataba de rozar su sexo, al que mitad sentía y mitad percibía. En algún momento deslicé con inusitada audacia para mi perfomance de aquella época, un beso en su mejilla. Luego su boca... su cuello. Es muy probable que haya perdido la noción del tiempo y del espacio.
Abandonamos la disco alrededor de las 4. Me invitó a acompañarla a su casa en la La Emilia, un pueblo minúsculo que subsistía gracias a la industria textil homónima, a unos 15 minutos de micro del centro de la ciudad. Sin dudar acepté. Nos sentamos en el último asiento tomados de la mano. Era casada, en algún momento me lo dijo. La inconsciencia del efluvio amoroso adolescente, impidió la activación de mis señales de alerta. Su marido no estaba en casa, trabajaba de noche. Llegamos a la casa caminado por el pedregullo. Casita humilde de material con techo de chapa. Ella era provinciana, del norte, Santiago o Tucumán. De un inexistente living-comedor pasamos al dormitorio. Todo en penumbra. Nos desvestimos rápidamente. Comencé a acariciarla suavemente, explorando su cuerpo tibio. Recorría sus muslos con mis manos temblorosas , acercándome a su entrepierna. Ella separó lentamente las piernas, para darme ánimo. Sentí su vello enrulado como un tapiz mágico, donde con mis dedos inseguros pero sutiles me fui abriendo camino hacia la la humedad creciente, entrando y saliendo con delicadeza extrema en su lubricada vagina.
Me pidió que la penetrara... me negué con algunas dudas... no tenía forros y sí tenía un temor sacro al embarazo.
- Querés que te haga acabar?
- Sí, por favor -le susurré. Me pajeó con la mano, en las sombras, derramando al poco tiempo mi semen en las sábanas. Nos quedamos un rato abrazados, sin emitir palabras. Luego, comenzó a acariciar mi rostro, contándome de la brusquedad de su marido al tomarla por primera vez.
Amanecía. Me pidió el número de teléfono, pero no me animé. En la puerta, me despidió con un último beso.
- Va a correr el cuero en el barrio –comentó entre sonrisas- a modo de despedida.
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34 años después...
Frontal, orgulloso,tierno y romántico cuando corresponde. Tengo casi todos mis cabellos y todos mis dientes. 1ra.mano, chapa en garantía, pintura original, nunca taxi. Estoy en buen estado físico (seguro) y mental (seguro??). Ya viví más de la mitad de mi vida. Con el transcurso del tiempo, fui modificando algunos principios de conducta que antes creía intangibles. No me arrepiento de nada ( o casi nada) y sé manejar la culpa. FIN
Comentario (69 comentarios)
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Querido Icaro, que Dios te depare un día de acción de gracias colmado de felicidad y que el ilumine la santidad de tu hogar con la llama infinita de su amor! un abrazo cordial y fraterno, Love, Fabio.
Tomate un respiro con un blended, un faso y si se te cruza Elisabet arrimate.
Un abrazo
Querido Icaro, paso para saludarte y para dejarte una ofrenda de mi corazon, te deseo u n Domingo muy feliz y una semana preciosa! fuertes abrazos querido y apreciado amigo, Fabio.
RELICARIO BOHEMIO!
Yo llevo un relicario de Tangos en el alma,
Un relicario amante que el tiempo me dejo,
Y en noches de borrasca sus notas me acompañan
Gimiendo entre los pliegues de un viejo bandoneón
Camino bajo un cielo sin luz y sin estrellas
Sobre las viejas huellas que me dejo el amor,
Momentos de locura y de lunas eternas,
Quedaron incrustados sobre mi corazón.
Los labios que me amaron, se fueron, me dejaron,
Y otros labios llegaron para brindarme amor,
Por noches de bohemia se esfumaron los años
Y de todos mis sueños solo el Tango quedo.
Cuando quiebran sus notas de gloria y de fandango
Algo me cae al alma como gotas de sol,
¡Solo tú me haz sido fiel! sin ningún desengaño
Me acompañas mi Tango y me das ilusión.
Fabio Antonio Pabon Marquez “Curandero Tango”
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